«Cómo salvar un doctorado»: Estructuras

Foto de Vishal Vasnani en Unsplash

ESTRUCTURAS

Aquel día había madrugado muchísimo. Mientras conducía casi una hora de camino pensaba en lo larga que se me haría una semana con dos horas de coche cada jornada. Sin embargo, me invadía una sensación de libertad. Acababa de cortar por decisión propia, y sin pedir permiso a nadie, con mi tesis por una semana. 

            Iba a pasar unas horas en compañía de gente interesante, anticipaba yo, tener un horario social, llegar a casa y repasar la jornada con un buen café. Pero la realidad, querido lector, era sutilmente, menos pintoresca que aquella impresión de correcaminos. Había decidido dedicar la semana a hacer un curso de archivística. No le engañaré, sin embargo lector, porque algo de librarme de la tesis una semana sí que había pero sin demasiados romanticismos. 

            Cuando se hicieron las 9:00 h de aquel lunes de frío polar, comenzaron a preguntarnos, uno a uno, por nuestros orígenes, esperanzas y propósitos respecto al curso. La mayoría de las respuestas de mis compañeros eran: “aprender algo nuevo” o “estar en trámites” de encontrar trabajo. Ante mi respuesta se hizo un silencio, no exagero nada lector, aunque nunca sabré si lo fue por vergüenza ajena:

            “Vengo porque cuando me enseñaron a gestionar patrimonio se olvidaron de la documentación y me encuentro elaborando mi tesis doctoral y ya no sé qué hacer con tanto papel”.

         ¿Alguna vez se ha visto desbordado por los archivadores de tu tesis? ¿Ha tenido la sensación de que los conceptos entran y salen de su conciencia, pero que no encuentran dónde fijarse? ¿Será un problema de organización o es que me estaré haciendo mayor o, simplemente, volviendo tonto?.

         ¿Alguna vez ha pensado que su tesis era mucho para usted en términos materiales e informativos? Yo sí, y muchas veces.

         Lo que pretendo en este apartado es insistirle en que lea  el siempre acertado Cómo se hace una tesis del muy ilustre y generoso Umberto Eco (¡Y si no lo ha hecho ya, corra!). Además, le animo a digitalizar su propuesta.

         El sistema de fichas, anotaciones y esquemas sigue siendo igual de válido que lo ha sido siempre, pero mi experiencia es que se pierde un tiempo enorme en organizar todo esto cuando no echamos mano de los recursos digitales. Estamos en una era donde las cantidades de información con la que contamos, por raro que sea nuestro tema, superan cualquier precedente.

         Use, por favor, desde el principio de su camino como doctorando un gestor bibliográfico digital. Las universidades suelen ofrecerlos y enseñar a utilizarlos en cursos que realizan específicamente. No se salte esos cursos de biblioteca por mucho que le parezcan cosas muy sencillas y por muchas otras urgencias metodológicas que esté empezando a intentar parchear.

         La mayoría de los gestores incluyen una extensión para su procesador de texto que le permitirá introducir automáticamente las citas cuando, y en el preciso momento, en que escriba su documento de trabajo o esté elaborando su artículo. Además, le permitirá confeccionar, en un toque de clic, la lista de referencias que tan de cabezas nos traen, y han traído a todos, en nuestros periplos universitarios. Le recomiendo eso sí, que revise la información de la ficha del libro si la importa directamente de algún repositorio, cosa que puede hacer dado que la mayoría de los gestores también cuentan con una extensión para el navegador. Elija siempre, de entre las opciones, la que le parezca más fiable (el propio editorial o un catálogo universitario) pues menos deberá corregir. No olvide revisar la fecha y el número de página del documento una vez importado al gestor bibliográfico.   

         Cuando nos habituamos al uso del gestor, debemos reconocer que nos volvemos un poco compulsivos a la hora de recopilar materiales disponibles. Recomiendo prudencia en este sentido. Repasar los abstracts y separar la mano del ratón mientras estamos en ello.

         Quizás estas indicaciones sobre el uso de un gestor de bibliografía y sus versatilidades sobren a un lector menor de 30 años que ha pasado ya por trabajos de fin de carrera y de máster, pero no son necesariamente familiares para los doctorandos más mayores. No solo porque esta tecnología se ha implementado lentamente en el mundo académico sino porque los que tenemos cierta edad, entendemos que pocas cosas pueden sustituir a lo manual ¡Y no es un tópico!. Nosotros tomamos nuestros apuntes a mano, estudiamos haciendo esquemas a mano y seguimos anotando los márgenes de nuestros libros y PDF impresos en papel. 

         Si se reconoce en estos parámetros puedes seguir leyendo, si no, le recomiendo que pase al siguiente salvavidas. 

         Sigamos aquellos que amamos el papel. Los amantes del papel solemos mantener que escribir a mano es algo fundamental porque asumimos que procesamos la información, que se  nos proporciona, de forma diferente cuando escribimos a mano que cuando lo hacemos a ordenador. A pesar de ello resolvemos muchos de nuestros problemas personales por email porque el correo, los sobres y los sellos nos parecen algo obsoleto. A pesar de ello, de esto no va este cuento.

         Aquellos que seguimos haciendo esquema de los esquemas y recopilaciones a mano de nuestras lecturas, simplemente porque nos da seguridad o por el motivo que sea, debemos saber que la herramienta (gestores bibliográficos) descrita puede potenciar esta virtud de nuestro trabajo. Nos permite tomar una foto de nuestros esquemas, adjuntarlos a las fichas bibliográficas (por si alguna vez se nos traspapela algo…, solo, por si acaso). Además, si usamos las etiquetas del gestor podremos hacer los recopilatorios de lecturas con bastante rapidez y seguir llenando cuadernos de esquemas, de esquemas. No obstante, y lo sé por propia experiencia, este sistema hay que implementarlo desde el principio y aun así tiende a saturarse. Le recomiendo a usted, amante el papel, no cambiar de organizador bibliográfico salvo motivo de fuerza mayor porque una vez que adopte una forma de gestión semianalógica podría serle difícil implementarla en otra herramienta por más potente que sea.

         Si eres amante del papel, como yo, y ha llegado tarde a la fiesta, tiene opciones. ¡Claro que las tiene! Si le ha pasado como a mí llegará un momento en que tenga notas y recopilaciones superpuestas en cuadernos una vez que ha descubierto que las grapas se oxidan y no ofrecen nada de la seguridad que buscas. ¡Después ve a acordarte en cuál de los 100 cuadernos que has generado están aquellas anotaciones que no pasaste a la recopilación, pero que ahora se te antojan fundamentales! Le recomiendo, en cualquier caso, que si esta es su fiesta: ordene con un número consecutivo los cuadernos y otros papeles de la tesis y no lo intente ni por temáticas ni por cronologías porque el sistema de archivo le colapsará. Puede incluir una etiqueta en su ficha de gestor y después en la signatura el número otorgado a papeles o cuadernos de notas. 

         En este sentido le recomiendo que introduzca cada cuaderno como un documento aparte en la ficha bibliográfica y que vaya creando redes de relaciones entre las lecturas y los  papeles implicados con ellas a través de la ficha del cuaderno. Para su tranquilidad diré que hasta donde conozco, los gestores suelen tener manuales de usuarios bastantes sencillos, que le ayudarán a entender cómo se construyen estas redes, que suenan a  gastar muchas neuronas, pero que tanto ayudarán a las que nos importan a no sobre esforzarse en temas de memoria. 

         Las idas y venidas sobre la información en nuestras tesis es algo que se tornará habitual. Cuando mi director me dijo por primera vez: si tomas como referencia un libro tenlo a mano porque ahora leerás uno o dos capítulos, pero acabarás volviendo a él, pensé que se acaban las opciones de convivencia y diversidad en mi librería. Esto de las idas y venidas a las fuentes es cierto y debemos tenerlo muy en cuenta a la hora de elegir de que forma vamos a clasificar nuestros papeles (anotaciones, esquemas o recopilaciones) y como vamos a plantearnos ampliarlos llegado el caso.

         Para mí, la mejor opción ha sido combinar un lector digital de libros electrónicos y una tablet de tinta electrónica con mi gestor bibliográfico. Puedo seguir leyendo y anotando a mano, pero con la ventaja de poder codificar, siempre encontrar y ampliar la información que busco. Para los no tan tiquismiquis cualquier tablet que admita pencil y tu ordenador te permitirán suplir decenas de cuadernos en el caso de que no decidas seguir a pies juntillas las instrucciones de Umberto Eco. Él será siempre el referente, los demás intentamos apañarnos. ¡No se desanime lector, seguirá comprando libros en papel, a pesar de la irrupción X!. Algo que, le aseguro, no podrá evitar.

© Este texto está registrado por Diolinda Ramírez-Gutiérrez