«Cómo salvar un doctorado»: Direcciones

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En mi caso concreto elaboré un anuncio. Sí, un anuncio, y si me esfuerzo puede que encuentre todavía en mi correo electrónico aquel email. Pedía un director para mi tesis porque yo quería saber más de este, este y este tema y tenía el tiempo y algunas cualidades para lograrlo.

         ¿Fui arrogante? Seguramente, pero es que no sabía ni por donde empezar. Venía de dos universidades distintas y buscaba que me quisiese una tercera. Después vino el proceso de petición de dirección y de valoración de la comisión claro, como no, aunque yo mientras tecleaba aquel correo no lo tenía nada claro, era anti-aristotélicamente, como una tabula rasa.

         Aunque no sea una tabla rasa como lo era yo, puede que encuentre algunos matices interesantes en este apartado. Aunque lleve años haciendo la tesis, puede que también encuentre alguna pista sobre como desmadejar algún entuerto en el que se haya metido  queriendo o sin querer.

         Si ha terminado su carrera y su máster y se plantea un doctorado en su misma universidad puede que no esté tan náufrago en cuanto al proceso que se requiere para solicitar un director/tutor. Si, por el contrario, lleva años fuera del sistema universitario, y se mete de cabeza en la normativa que regula el programa de doctorado que le interesa iniciar puede que se le atragante. Tanto, que decida dejarlo para cuando compre tinta para la impresora y tenga tiempo para leerlo con calma y un diccionario.

         Esté en uno de estos extremos o esté entre los múltiples, por en medio, le recomiendo no abandone este apartado donde vamos a comentar la simple y complicada relación entre director y doctorando.

         Entraré solamente en territorios donde podemos estar haciendo aguas, pero no en cuestiones de tipo administrativo (como el  orden de firmas, los accesos al contenido generado, etc.) que debe estar estipulado por cada universidad y programa y que le aconsejo revise antes de seguir leyendo.

LA ELECCIÓN DEL PROGRAMA.

         Puede ocurrir que el programa le haya  elegido a usted, lo cual puede suceder de diferentes  formas no administrativas (recuerde mi advertencia anterior). Por ejemplo, cuando continúa la estela que ha marcado con sus trabajos de inicio a la investigación en grado y máster y ya sabe con quienes y qué quiere trabajar. O bien, porque lo tiene al lado de casa y las circunstancias socioeconómicas lo hacen más factible. También puede ocurrir, que quiera vivir en aquella ciudad, ser doctor por una universidad determinada o ser dirigido por aquel pope de la materia. Cada uno de ustedes lectores, a buen seguro podrán llenar de ejemplos y enriquecer la casuística.

         Si el programa no le ha elegido, le recomendaría considerara las opciones que tiene en función de tres criterios:

         1. La persona que quiere le dirija debe formar parte del listado de tutores y directores del programa

         2. Simpatice con una de las líneas de investigación que el programa preestablece. 

         3. Comprenda las obligaciones de cada programa. No las del doctorado en general, que también es muy importante que analice en este momento, sino del programa en particular. Memorias, complementos formativos, mínimos de permanencia, posibilidad de prórrogas-bajas, etc.

         Seguramente se habrá reído lector ante tal enumeración de obviedades. Sin embargo, seguramente lo habrá hecho si ya está usted en el camino. Si está pensando hacer un doctorado y tiene que elegir habrá vivido estas complicaciones que ahora nos parecen evidentes o sus efectos, a veces adversos, porque nadie nos lo aclaró a tiempo. 

         Piense que mientras dure su tesis, la investigación que realice, en su seno, llevará el apellido de la línea de doctorado que elija. Esto influye no solo a nivel académico estricto (preguntas y objetivos) sino también a las revistas a las que puede, o más bien, conviene dirigirse, y las estancias y congresos hacia lo que es coherente esparcirse.

         Leído, por alguien que acaba de empezar o que está en su primer año, el no haber sido consciente de este punto puede parecerle similar a la cadena perpetua. Nada de eso, cuando uno elige doctorado siempre tiene un margen de maniobra que no se ve desde el principio, sino que se aprende a manejar. Asegurarle que la sensación de me he equivocado, tenía que haberme matriculado en el programa de doctorado de filosofía/estudios culturales/antropología, o el que fuera, rondará su cabeza más de una vez durante el proceso. Y que esta, no será culpa de la elección sino una consecuencia psicológica de un proceso tan largo y solitario.

         De todos modos, si estás pensando en hacer una tesis o investigar un tema muy interdisciplinario le aconsejaría buscara un programa con líneas abiertas y que permitan la interdisciplinariedad que esperas. Parecen obviedades, navegante, pero más de uno nos hemos llevado un coscorrón por lanzarnos a piscinas sin  agua ni flotadores.

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         Tenía la cuchara en la mano, seguramente, revisando los cubiertos y viendo si estaba todo en orden. Acabábamos de ordenar el almuerzo en una mesa sumamente pequeña de un local atestado. De repente, mi interlocutora, mayor que yo en edad, experiencia y rango académico, sacó una libreta que llevaba en su bolso. Aún no he llegado a entender cómo la colocó entre la ensalada que había acabado de llegar y los tres o cuatro cubiertos que estaban al filo. Me mira a los ojos, seria, en medio de un almuerzo de amigas, y me pregunta, conociendo mi condición, de forma tajante y confiada, como es propio de su idiosincrasia: ¿Qué es lo que necesita un doctorando?

  LA ELECCIÓN DEL DIRECTOR.

         Tanto si el director te ha elegido a ti como si lo has elegido tú, no te librarás de algunas dudas y quebraderos de cabeza que intentaré aliviar en este apartado.

         ¿Tiene que caerme bien mi director o directora de tesis? Pues sí, un mínimo. Piense que la relación con su director durará unos años y será bastante intensa para ambos. Se entrometerán facetas de la vida de ambos, sin querer, malos días, contratiempos, llegadas tardes a las reuniones, no reuniones, llamadas intempestivas, etc. Así que sí, sería bueno contar con algo de confianza como para dispensarse mutuamente.

         La relación con su director de tesis es profesional, seguro que no tiene duda sobre el caso. O es académica si la universidad no le está pagando por hacer la investigación, pero ante todo, es una relación humana. Es inevitable que en una relación tan larga haya variaciones, cambios de conducta, aparezcan muchas aristas: otras personas (compañeros de doctorado), cambien las normativas e incluso los programas. Es casi cuestión de suerte que ambos puedan estar, a la vez igual, sintonizados en el trabajo o en el motivo de la reunión.

         Esta es, a mi juicio, la cuestión clave del asunto, y es que no debe ser cuestión de suerte. Ahora arrojaré una serie de obviedades, que a pesar de ello, no parecen ser todo lo evidentes que debieran.

         1. La reunión, salvo expresa indicación contraria, debe llevarla preparada usted. No puede esperar que su director tenga una bola de cristal para tener al día todos los avances y avatares que la investigación y usted pueden haber sufrido.

         2. Su director tiene, a buen seguro, muchas más responsabilidades paralelas que la de dirigir su tesis. Eso, evidentemente, no es culpa suya, pero sí debe saber el sistema en el que está jugando.

         3. Llegará el momento, en que usted sepa más de su tema que su director y puede que, ese momento, llegue antes de lo que piensa. Sin embargo, no debe olvidar que la relación con su director o directora es de necesidad, pero que esta no es recíproca. 

         Como resultado de lo resaltado anteriormente considero prudente y aconsejo al doctorando, novato o no, tomarse un tiempo con su director o directora para situar y establecer una especie de pacto de dirección.

         Al principio de la tesis, aunque esto no es igual en todas las universidades, los doctorandos firman, ante las unidades administrativas, un compromiso de tesis. Te comprometes a trabajar y a cumplir las obligaciones que el doctorado impone. Particularmente, no entendería el sentido de este pacto si no existiese el primero.

         No tiene que ser un documento, pero estaría bien dejar claras, desde el minuto cero, cuál son las obligaciones que asume el director particular y los deberes a los que se compromete a responder el doctorando particular

         Un documento o un acuerdo como este llevará, se lo aseguro, a reducir muchas decepciones por expectativas frustradas o, simplemente, mal planteadas. Puede ser una charla de la que saquen un documento que las dos partes se queden como recordatorio y para ser revisado cuando llegue el caso. Al menos cada año, o cuando una circunstancia del proceso cambie por: un problema con una publicación, una estancia de investigación o un problema de salud, por ejemplo. 

         No se trata del cronograma que toda tesis debe tener, que más o menos, impone el proyecto del que se participa, o si bien es investigador independiente deberá realizar como ejercicio anual. Sea cual sea la situación solo podrá concretar dicho cronograma cuando haya pasado cierto desde el umbral del proceso. Un ejercicio obligatorio y oportuno más que nada, porque si eres doctorando independiente o no necesitas poder avistar el final.

         No, el documento del que hablo ahora tampoco es el plan de investigación o proyecto de tesis que se plantea al final del primer curso y que se va remodelando y enriqueciendo como cuaderno de bitácora académico. 

         No es, por tanto, ni una cosa ni otra, pero en mi opinión, no es menos importante. 

         Es sentarse uno/s frente al otro y dejar claro hasta donde pueden llegar los compromisos. No en tono impositivo sino negociable, pero aclarar lo que pueden esperar el uno del otro.

         No creo que exista una cultura sobre este pacto de dirección, o al menos, es lo que me parece después de las mil y una experiencias de compañeros que me han ido llegando estos años y por mi propia experiencia.  Pero, sobre todo, por la pregunta muy razonada  y pertinente de una amiga,  que nadie me había formulado antes: ¿Qué necesita un doctorando?, ¿Qué es lo más importante para él y qué espera?

         Aunque no exista una cultura, esto no quiere decir que no exista predisposición y, que desde el diálogo y la comprensión, ambas partes lleguen al acuerdo de que establecer el compromiso, sus límites y evaluarlo (por eso al menos debe esquematizarse) evita ciertos excesos y crispaciones futuras.

         Si es tu director el que te presenta en la primera reunión una hoja de compromisos que debes asumir, no te pongas a la defensiva, pero pide con educación que establezca en qué términos entiende él/ella la dirección de una tesis. ¿Qué puedo esperar yo de su ayuda y dirección? ¿Qué es labor de dirección y qué es responsabilidad mía? ¿Qué es ayuda y qué es compromiso mínimo con la calidad? Así se trazan parámetros y límites, sabe uno a que atenerse. 

         ¿Tener miedo a preguntar estas cosas? No veo por qué, aunque el director no te haga firmar por su cuenta una hoja de compromisos como a todos sus doctorandos. Esta hoja que podría  (imagino) contener cuestiones como las veces que debe ver un texto antes de que envíes el borrador, modelo y tipo de reunión,  qué es prioritario y qué secundario, si tiene un interés claro en qué se puede lograr  a través de tu proyecto, etc.

         La relación entre cada doctorando y su director es única del mismo modo que lo es cada doctorando su motivación, forma de trabajo, objetivos vitales y académicos que pretende cumplir con la tesis, etc.

         No he pretendido elevar sus expectativas porque no todos los directores son iguales, pero es precisamente, por esto, por cuestión de diversidades por lo que este pacto de direccióna la usanza de un pacto de caballeros y damas, tiene sentido.

©Texto registrado por Diolinda Ramírez-Gutiérrez